Descubriendo la Biblia: De la Resistencia a la Reverencia
- Danilo Carrillo
- hace 3 días
- 3 Min. de lectura
En mi adolescencia y juventud, estuve atrapado en un ciclo de desatinos morales y adicciones. Mi brújula moral parecía girar únicamente al ritmo dictado por los picos de dopamina y serotonina que perseguía con intensidad casi pasional. La idea de abrir la Biblia era algo que me sofocaba; simplemente no la entendía, ni siquiera cuando sentía la urgencia de refrenar mis vicios. Mi perspectiva cambió por convicción, quizás incluso por la misma providencia divina.
Todo ocurrió mientras vivía en Acarigua. Fue un accidente, un evento inesperado que me estremeció profundamente. El susto y la pérdida material que sufrí en ese momento me proporcionaron los argumentos suficientes para buscar a Dios con todo mi corazón. Al hacerlo, encontré amigos que, con sus palabras y sus ejemplos, me inspiraron a sumergirme en el estudio de la teología y la terapia familiar sistémica. Estas dos disciplinas, entrelazadas, se convirtieron en un ancla para mi vida.
A través de la teología, comencé a explorar las profundidades de las Escrituras y encontré respuestas a mis preguntas existenciales. Por otro lado, la terapia sistémica me ofreció herramientas prácticas para abordar los vacíos emocionales y mentales que me habían mantenido cautivo durante tanto tiempo. Estas dos líneas de conocimiento cobraron vida en mi vida cotidiana, transformándome de adentro hacia afuera.

Aprendiendo a Leer con Atención
El cambio más radical en mi relación con la Biblia llegó cuando decidí enfrentarla directamente. Influido por las recomendaciones de mis nuevos amigos, adquirí una Biblia de estudio ESV y comencé a sumergirme en las enseñanzas de El Amor que Vale de Adrián Rogers. Estas enseñanzas cobraron vida mientras exploraba las profundidades de su teología, que me ofrecían una visión renovada y práctica para mi caminar espiritual.
Frecuentemente me reunía con amigos en sitios públicos de Acarigua y Barquisimeto para discutir las Escrituras y compartir perspectivas. Nunca leíamos más de 20 versículos en una sesión, analizando cada palabra con una profundidad que transformó mi experiencia. Recuerdo una ocasión en una cafetería local donde pasé horas con un grupo estudiando apenas los primeros versículos del Evangelio de Juan. Ese nivel de detalle, esa paciencia para permitir que el texto hablara, se convirtió en la base de mi crecimiento espiritual.
Herramientas para el Camino
Mientras estudiaba, aprendí a utilizar herramientas que me ayudaron a superar la barrera del idioma y las traducciones. Las enseñanzas de Adrián Rogers me proporcionaron una claridad práctica y teológica para abordar las Escrituras con una perspectiva fresca y relevante. Descubrí que no todas las traducciones son iguales; la ESV, con su equilibrio entre literalidad y claridad, se convirtió en mi favorita.
Si estás comenzando, recomiendo empezar con el Evangelio de Juan y la Carta a los Romanos. Estos textos encapsulan el corazón del mensaje cristiano de una manera que es accesible y profundamente transformadora. Busca una guía, un maestro o incluso un grupo de estudio que pueda acompañarte en el proceso. Y, sobre todo, no tengas prisa. Leer la Biblia no es una carrera; es un encuentro.
La Transformación
A los 16 años, experimenté un renacimiento espiritual que marcó el inicio de mi fe. Sin embargo, fue en estos años recientes, tras sumergirme nuevamente en el estudio profundo de las Escrituras y las enseñanzas de Adrián Rogers, cuando sentí un rejuvenecimiento completo de mi relación con Dios.
Hoy, mi rutina diaria comienza con las Escrituras. Cada palabra brilla con una intensidad que nunca antes había percibido. Las historias que antes desestimaba como arcaicas ahora resuenan con una verdad intemporal. Abrir la Biblia cada mañana no es solo un hábito; es un acto de encuentro con lo divino. Para mí, no hay mayor privilegio que sumergirme en estas palabras vivas, sabiendo que a través de ellas encuentro no solo respuestas, sino también al Dios que las inspira.
Así que, si estás considerando explorar la Biblia, mi consejo es este: ve despacio, sé curioso y mantén la mente abierta. Quizás, como me ocurrió a mí, encuentres en estas páginas más de lo que jamás esperaste.








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