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Alma, espíritu y cuerpo en la teología paulina

Trabajo de investigación final presentado a Dr. Julio Varela en cumplimiento parcial de los requisitos del curso Teología Paulina.

Southwestern Baptist Theological Seminary · 3 de mayo de 2026


Introducción

A comienzos de mi fe, leía a Watchman Nee. Devoraba sus libros y trataba de entender cómo interactuaban espíritu, alma y cuerpo en mi vida espiritual. Adopté muchas de sus prácticas y las hice mías. Después llegó el pastor Mario Sánchez a la Iglesia Bautista Cristo Vive. En nuestras tertulias teológicas, en mis comienzos en la fe, me decía que la Biblia no describía partes del hombre; estaba describiendo a una sola persona desde ángulos distintos. No lo escuché como debía. Ignoré el asunto y me consideré tricotomista durante años.

La sospecha empezó a surgir durante mis primeros estudios académicos formales en el Instituto Bíblico Juan José Corti. El esquema de tres pisos que había aprendido dejó de encajar con los textos paulinos. Cuando empecé a investigar el tema, tuve que dar un paso atrás respecto a mi convicción anterior.

El problema nunca había sido que Pablo enumerara tres partes ontológicas del ser humano. El problema era que había llegado al texto con la pregunta equivocada.

Intérpretes serios han llegado a conclusiones contrapuestas al leer los mismos textos. La diferencia no está en los textos. Está en el marco hermenéutico con el que cada uno se acerca a ellos.

Este trabajo propone que la lectura más fiel al apóstol Pablo es la que ofrece George Eldon Ladd: lo que aquí llamaré una unicidad funcional, en contraste con la tricotomía y la dicotomía sustancial. [1]


I. La pregunta detrás de la pregunta

La psicología es una disciplina moderna, postcristiana, construida con un vocabulario que estudia la psique del sujeto, sus mecanismos cognitivos, sus emociones, su memoria, sus relaciones sociales bajo el lente de la ciencia experimental. Aplicar esa categoría a un fariseo del primer siglo es anacrónico. ¿No estaríamos forzando una reconciliación artificial entre el pensamiento judeo-veterotestamentario de Pablo y un marco descriptivo que no existió hasta 18 siglos después? ¿No habría algún costo hermenéutico al traducir su antropología teológica al idioma de una ciencia que él jamás conoció?

Ladd afirma que Pablo no era un psicólogo en el sentido técnico moderno. [2] Estaba usando la palabra en su raíz griega, logos, en relación con la psyche. Discurso ordenado sobre el ser humano interior. Y en ese sentido más antiguo y más amplio, Pablo sí piensa de manera psicológica. Cuando anuncia el Reino, no se limita a una mera proclama externa. Atraviesa al ser humano completo: su voluntad, su mente, su conciencia, su deseo, su afecto, su capacidad de receptividad ante Dios. Las convergencias necesarias para que el Reino sea anunciado y recibido ocurren dentro del hombre, no por encima de él.

Consideremos una moneda. Una moneda es un solo objeto físico, fundido a partir de varios metales que, separados, conservan su propio potencial y que, unidos, forman una sola pieza con su particularidad propia. Tiene dos caras distintas. Tiene un borde. Tiene peso, valor, propósito. Cada una de esas propiedades describe un aspecto real de la misma moneda. La moneda no se divide en tres pedazos que sumen para formarla. Se describe, desde distintos ángulos, que la nombran entera. Es una sola realidad vista desde distintas relaciones.

Así pensaba Pablo del hombre. Visto en su relación con el mundo, lo llamó cuerpo. Visto en su relación con Dios, lo llamó espíritu. Visto como vida individual, lo llamó alma. Visto en su debilidad caída, lo llamó carne. La misma persona. Una unidad. Múltiples relaciones.

Ladd describe, con un vocabulario contemporáneo, lo que Pablo siempre había pensado.

La pregunta no es cuántas piezas tiene el ser humano. La pregunta es en qué tradición está pensando Pablo al hablar del ser humano. Si leo a Pablo desde Platón, voy a encontrar una tricotomía sustancial o una dicotomía dura. Si leo a Pablo desde Génesis, voy a encontrar otra cosa por completo.


II. Lo que Pablo no dejó atrás: el trasfondo hebreo

Cuando Pablo se sentó a escribir a los tesalonicenses o a los corintios, lo hacía como siempre lo había hecho desde su cosmovisión hebrea. Era un fariseo de fariseos, formado a los pies de Gamaliel, lector incansable de la Torá, los Profetas y los Escritos. Su vocabulario griego estaba al servicio de un pensamiento hebreo. Esta es una de las tesis hermenéuticas que N. T. Wright ha sostenido de manera consistente a lo largo de su corpus paulino, y que opera con fuerza en el tema que aquí se estudia. [3]

En el Antiguo Testamento, el ser humano no se concibe como una composición de partes. Está pensado como una unidad viva. Génesis 2:7 lo presenta de esa manera: Dios formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz el aliento de vida, y el hombre fue un alma viviente. La frase clave es esa última. El hombre no recibió un alma. Llegó a ser un alma viviente. Nephesh chayyah. [4] Lo que Dios hizo fue tomar tierra y aliento, juntarlos y el resultado fue una persona. No es una alianza temporal entre cuerpo y alma, que esperan separarse. Una unidad total y dependiente.

Nephesh, en el hebreo bíblico, designa al ser viviente en su conjunto, con frecuencia con énfasis en su dependencia vital. [5] Cuando el salmista dice "mi alma tiene sed de Dios", describe a la persona entera, con cuerpo y todo, con hambre y sed reales, que busca a Dios. Ruach es el aliento, el viento, la respiración divina que da vida y se retira cuando la vida termina. [6] Basar es la carne, sí, pero se usa para describir al ser humano en su fragilidad como criatura. [7]

Ninguno de estos términos hebreos funciona como parte de un mapa tripartito del ser humano. Todos son descripciones holísticas de aspectos distintos de la misma realidad. El judío del Antiguo Testamento no se preguntaba cuántas partes tenía. Se preguntaba en qué relación estaba con Dios.

Pablo hereda esta visión. Aunque escribe en griego y dialoga con el mundo helenístico, su pensamiento antropológico está enraizado en la tradición semítica. Reconocer ese trasfondo es el primer paso, y quizás el más decisivo, para no leer en Pablo lo que Pablo nunca pensó.


III. Las dos posiciones tradicionales y por qué fallan

Antes de exponer la propuesta de Ladd, conviene articular con claridad las dos posiciones que él rechaza. La tricotomía sostiene que el ser humano consta de tres componentes ontológicamente distintos: cuerpo, alma y espíritu. El cuerpo, soma, es el componente material que conecta al ser humano con el mundo físico. El alma, la psyche, es la sede de la personalidad, la emoción y la voluntad. El espíritu, pneuma, es la capacidad superior que conecta directamente al ser humano con Dios. Cada componente constituye una realidad separada con funciones propias e irreductibles. Esta visión tiene raíces en algunos padres griegos, como Orígenes y Clemente de Alejandría, quienes la desarrollaron bajo la influencia del platonismo medio. En el siglo XIX, recibió impulso académico con la obra de Franz Delitzsch, A System of Biblical Psychology, en la que sostuvo que la distinción entre alma y espíritu es fundamental para una verdadera psicología bíblica. [8] En el siglo XX, encontró su defensor más popular en Watchman Nee, cuya obra El Hombre Espiritual instaló la tricotomía en círculos pentecostales y carismáticos como base para articular el crecimiento espiritual: el creyente debe lograr que el espíritu domine al alma. [9]

La dicotomía clásica sostiene que el ser humano consta de dos componentes: lo material, el cuerpo, y lo inmaterial, el alma o espíritu, indistintamente. Para esta posición, psyche y pneuma son funcionalmente intercambiables y designan distintos aspectos de la misma realidad inmaterial. Esta visión ha sido la predominante en la teología occidental desde Agustín, especialmente porque parecía resolver el problema escatológico del estado intermedio: si hay algo que sobrevive a la muerte hasta la resurrección, debe ser una sustancia inmaterial separable del cuerpo. [10]

Ambas posiciones, sin embargo, comparten un presupuesto que Pablo no comparte. Ambas conciben al ser humano como una composición de sustancias. Ambas asumen que la pregunta correcta es ontológica: de qué está hecho el hombre, cuántas piezas lo componen y cómo se separan al morir. Y ese presupuesto es, en su origen, griego. No paulino. [11]

El problema exegético más serio para la tricotomía es la intercambiabilidad funcional entre psyche y pneuma en el corpus paulino. Si Pablo distinguiera ontológicamente estos términos, no los usaría como funcionalmente equivalentes en pasajes paralelos. Y los usa constantemente. En Filipenses 1:27 RV1960 emplea psyche para describir aquello que la comunidad comparte en la lucha espiritual, una función que la tricotomía asignaría exclusivamente al pneuma. [12] En 1 Corintios 5:3-5 RV1960, alterna sin esfuerzo entre soma, pneuma y sarx, referidos al mismo sujeto humano y a la misma operación disciplinaria de la comunidad, mostrando que esos términos no demarcan compartimentos, sino dimensiones funcionales del único yo humano. [13] Esa flexibilidad terminológica evidencia que el apóstol no está pensando en compartimentos estancos.

El problema teológico de la tricotomía es aún más grave. Trata el alma como un componente inferior y sospechoso. Esa lectura puede justificar la desconexión de la vida espiritual respecto del intelecto, las emociones y la voluntad, precisamente aquellas dimensiones que la Escritura insiste en transformar, no en evadir. Pablo mismo exhorta a la renovación de la mente en Romanos 12:2 RV1960. No a su supresión. La renovación implica una mente que sigue siendo mente, transformada en su orientación. La tricotomía, en su forma popular, tiende a producir creyentes con espíritu activo y alma desatendida. Y eso es lo contrario de lo que Pablo predicó.


IV. La propuesta de Ladd: unicidad funcional del ser humano

Ladd dedica capítulos fundamentales de su Teología del Nuevo Testamento al análisis de la antropología paulina. Su tesis se resume en una afirmación que conviene citar literalmente: los distintos términos antropológicos no designan partes distintas del ser humano, sino aspectos de su totalidad. [14] Esa frase es la clave hermenéutica de toda su lectura del vocabulario paulino. Y es la clave que sostiene este trabajo. La pregunta correcta no es cuántas piezas tiene el hombre, sino desde qué relación se describe en cada texto.

Ladd analiza cada término con atención. Soma, traducido con frecuencia como "cuerpo", no designa únicamente el componente material. Designa al ser humano completo en su relación con el mundo físico. [15] Cuando Pablo dice "ofreced vuestros cuerpos en sacrificio vivo" en Romanos 12:1, no está pidiendo que entreguemos solo nuestra parte material, reservando otra parte para nosotros. Está pidiendo que entreguemos al hombre entero en cuanto vive, actúa y se relaciona en el mundo concreto. Soma es la persona considerada desde su existencia visible, concreta, situada.

Psyche, alma, puede designar en Pablo la vida, la persona en su totalidad, o el principio vital que el hombre comparte con los demás seres vivientes. [16] No es una sustancia que el cuerpo contiene. Es la vida misma del ser humano considerada como individualidad consciente. Cuando Pablo escribe que ama a los tesalonicenses con su propia psyche, está hablando de su persona entera entregada a ellos, no de un componente inmaterial que les transfiere mientras reserva el cuerpo para otra cosa.

Pneuma, cuando se refiere al espíritu humano, no al Espíritu Santo, designa al ser humano en su apertura y receptividad hacia Dios. [17] No es un órgano espiritual separado. Es la capacidad del ser humano completo de relacionarse con Dios. Cuando Pablo dice que el Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, en Romanos 8:16, no está describiendo dos sustancias inmateriales conversando privadamente dentro del creyente. Está describiendo una experiencia en la que el creyente entero, en su capacidad de apertura a Dios, recibe la confirmación divina.

Sarx, carne, es donde la propuesta de Ladd alcanza su mayor profundidad. La carne en Pablo no es simplemente el cuerpo físico. Es el ser humano completo considerado en su debilidad creacional y, después de la caída, en su orientación rebelde contra Dios. [18] Por eso, Pablo puede hablar de obras de la carne que no son corporales en absoluto: enemistades, celos, contiendas, envidias. Esas obras no salen del cuerpo. Salen del hombre entero cuando vive desde sí mismo y para sí mismo, sin Dios. La oposición paulina entre carne y Espíritu no es la oposición entre el componente material y el componente inmaterial del ser humano. Es la oposición entre dos modos de existencia: la existencia bajo el dominio de sí mismo y la existencia bajo el señorío del Espíritu de Dios.

Aquí aparece la formulación que conviene retener como tesis central. El hombre, para Pablo, es una unidad psicosomática que se encuentra, o bien bajo el dominio del pecado, la carne, o bien bajo el dominio de Cristo, el Espíritu. No hay un alma neutra atrapada entre un cuerpo malo y un espíritu bueno. Hay una persona entera viviendo en una de dos orbitas posibles. Esa es la dialéctica real de Pablo. Y es escatológica antes que ontológica.

Conviene precisar un matiz que Ladd mismo introduce y que la lectura superficial podría pasar por alto. Sostener la unicidad funcional del ser humano no implica negar la dimensión inmaterial. Ladd reconoce que en pasajes como 2 Corintios 5:1-10 y Filipenses 1:23 se afirma que algo del creyente persiste en comunión con Cristo entre la muerte y la resurrección. La unicidad funcional no se confunde, por tanto, con un monismo absoluto que disuelva al hombre en pura corporalidad mortal. Lo que Ladd niega es la composición sustancial del ser humano en partes separables y jerárquicamente ordenadas, no la posibilidad de un estado intermedio bajo el cuidado de Dios. John Cooper denomina a esta postura holistic dualism: una unidad funcional plena durante la vida terrena, con una continuidad personal asegurada por la fidelidad de Dios más allá de la muerte. [19] Para los efectos del argumento aquí sostenido, el énfasis recae en la unidad. La cuestión escatológica se respeta sin convertirla en el centro hermenéutico desde el cual leer la antropología paulina.


V. Las bases antropológicas de Pablo: unicidad paulina

La crítica a las dos posiciones tradicionales encuentra su sentido último cuando se la sitúa contra el suelo desde el cual el apóstol mismo escribe. Pablo no compone su antropología en respuesta a la pregunta griega sobre cuántos componentes integran al ser humano. La compone en continuidad con la tradición veterotestamentaria, donde el hombre creado en Génesis 2:7 es un nephesh chayyah, una criatura única que respira y vive porque ha recibido el aliento de Dios. Esa unidad creacional, cuerpo formado del polvo, vida sostenida por el soplo de Dios, es el sustrato que Pablo presupone y desde el cual elabora su vocabulario antropológico, no una conclusión que se proponga demostrar. [20]

La diversidad terminológica del corpus paulino no fragmenta esa unidad. La describe desde distintos ángulos relacionales. Soma nombra al ser humano en su existencia visible y situada, en cuanto se relaciona con el mundo material y social. Psyche lo nombra en su vida consciente, en aquella individualidad psíquica que comparte con todo lo viviente. El pneuma humano se denomina así por su apertura y su receptividad a Dios. Sarx lo nombra en su debilidad creacional y, después de la caída, en su orientación rebelde frente al Creador. Cuatro términos, cuatro relaciones, una sola persona. [21]

Esa convicción de fondo, la unicidad paulina, constituye el presupuesto hermenéutico desde el cual deben leerse los pasajes antropológicos del corpus. No se construye sobre los textos como conclusión exegética posterior. Es el suelo pretextual desde el cual los textos fueron pensados y escritos. La propuesta de George Eldon Ladd, que la sección anterior expone, no introduce, por tanto, una tesis novedosa. Recupera, con vocabulario contemporáneo y rigor exegético, la antropología que la teología contemporánea fue perdiendo conforme aceptaba, sin advertirlo, los presupuestos sustanciales del platonismo medio en su lectura del apóstol. [22]

Hay un texto del Antiguo Testamento que, a primera vista, parece romper todo lo que se ha dicho hasta aquí. Saúl, abandonado por Dios y desesperado en vísperas de una batalla que ya intuye perdida, recurre a la pitonisa de En-Dor. La mujer ve Elohim subiendo de la tierra, y la voz que habla parece ser la de Samuel, el mismo Samuel muerto y enterrado en Ramá. Profetiza con exactitud. La profecía se cumple al día siguiente.

Si Samuel habla desde el Seol, ¿no se sigue que algo de Samuel, su yo, su voz, su conciencia profética, sobrevivió a la muerte como un alma autónoma? ¿No anula eso la unicidad funcional que venimos sosteniendo?

La salida más honesta no es disolver el texto. Es leerlo en su escala. Millard Erickson lo plantea con una distinción que vale conservar: el estado normal del ser humano es ser un ser unitario materializado, y el estado intermedio entre la muerte y la resurrección, esa existencia desencarnada que el Antiguo Testamento llama Seol y que el Nuevo atisbará en clave de "estar con el Señor" (Fil 1:23; 2 Cor 5:8), es claramente incompleto o anormal. No es el ideal antropológico. Es, dice Erickson literalmente, una condición incompleta: una experiencia menos intensa que la del estado final, una pausa que apunta hacia la resurrección como hacia su propia clausura. [23]

Esa lectura cambia el peso total del texto. Lo que parecía pedir un alma platónica autónoma resulta, en cambio, en pedir una persistencia disminuida: algo de Samuel, pero no Samuel pleno; un residuo capaz de hablar, pero no el hombre entero. La plenitud le será restituida solo cuando los muertos resuciten. Mientras tanto, lo que el Seol guarda no es la verdad del ser humano, es su sombra esperando ser corregida.

Por eso, 1 Samuel 28, lejos de refutar la unicidad paulina, la confirma desde su flanco más áspero. Si en el estado intermedio el hombre es residuo, sombra, persistencia disminuida, entonces lo que Pablo proclama en 1 Corintios 15 y en Romanos 8 cobra exactamente su peso: la salvación final del ser humano no es la liberación de un alma de su prisión carnal, sino la resurrección del hombre entero, devuelto a la unidad creacional que la muerte solo había podido suspender.

El alma no es lo que se salva. El hombre es lo que se salva. Y se salva entero, porque entero fue creado, entero cayó, y entero será levantado.


Conclusión

Mi hijo y yo abrimos la app de la Biblia para el devocional una de estas mañanas, y el texto del día era Ezequiel 36:26 (RV1960):

"Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne".

Mi cerebro no terminaba de salir de la investigación. Sin querer, subrayé mentalmente la frase del medio: "pondré espíritu nuevo dentro de vosotros".

Llevaba semanas escribiendo sobre la tricotomía y la dicotomía de los compartimentos del ser humano y sobre estos ángulos de la misma persona. Y de pronto me veo confrontado con la idea doméstica, con los argumentos y el planteamiento, desde el precio costoso que ha pagado la cristiandad por vivir intentando separar intelectualmente el ser completo.

Estamos tan acostumbrados a la partición que el oído evangélico inmediato traduce "espíritu nuevo dentro de vosotros" como un componente espiritual instalado en el compartimiento corporal. Como si Dios estuviera reemplazando una pieza interior. Como si el espíritu fuera un órgano que pudiera diseccionarse.

Es la restauración de la totalidad del ser, descrita desde tres ángulos relacionales distintos. Y el efecto es exactamente lo que esta investigación deja por sentado: llevo años articulando la siguiente idea: el ser humano que la Escritura ha propuesto siempre es la unicidad funcional del ser humano, y los pensadores, teólogos y eruditos que lo entendieron de otra manera desmontan la unidad y lo despiezan en piezas. Se renueva como persona, en relación con el Dios que lo respiró desde el polvo.

George Eldon Ladd, un erudito destacado en teología bíblica, argumentó probablemente con una dimensión proporcional y compatible con el sentido bíblico original. Lo que Pablo enseña, en línea recta con Génesis 2:7, es que el ser humano es uno: una criatura que respira por gracia, vive en relación, peca contra el Espíritu y solo es restaurado cuando Dios resucita la totalidad de lo que él hizo.

La unidad que Erickson defiende para el estado intermedio y el dualismo holístico que Cooper reconstruye históricamente convergen en el mismo punto. La salvación no es rescate del alma del cuerpo. Es un rescate de la persona.

"El alma no es lo que se salva. El hombre total es quien se salva."

Quizás esa sea la dirección correcta. Una antropología bíblica de la totalidad debe comenzar a estructurarse desde la exégesis bíblica del hogar, de los grupos pequeños, en las camas de los hospitales y en los velorios, donde el cristiano insiste en mirar al difunto como persona y no como una cáscara. Esta investigación es un paso del gran trabajo que tenemos por delante: desconfiar del compartimiento heredado y leer al ser humano como Dios lo creó: uno solo, vulnerable, pecador, relacional, prometido nuevo en su totalidad.

Sobre la evaluación de este trabajo

Este trabajo fue evaluado y aprobado con calificación final de 90/100 en el curso de Teología Paulina, Southwestern Baptist Theological Seminary, 2026, bajo la dirección del Dr. Julio Varela.

Notas

[1] "Unicidad funcional" es la etiqueta que uso para resumir la posición antropológica de Ladd. Él no la emplea literalmente con esas palabras, pero toda su lectura del corpus paulino va en esa dirección: el ser humano como unidad de raíz hebraica, donde sōma, psychē, pneuma y sarx funcionan como aspectos relacionales de la persona completa, no como sustancias separadas.

[2] George Eldon Ladd, Teología del Nuevo Testamento, trad. José María Blanch (Terrassa: CLIE, 2002), 608.

[3] N. T. Wright, El verdadero pensamiento de Pablo: Ensayo sobre la teología paulina, trad. Dorcas González Bataller, Colección Teológica Contemporánea 1 (Terrassa: Editorial CLIE, 2002), 32-33, 36-39, 45.

[4] Hans Walter Wolff, Antropología del Antiguo Testamento, trad. Severiano Talayero Tovar (Salamanca: Ediciones Sígueme, 1975), 25. La afirmación literal de Wolff sobre Génesis 2:7 es: "El hombre no tiene näfäš, sino que es näfäš, vive como näfäš".

[5] Wolff, Antropología del Antiguo Testamento, 25-44; cf. Ladd, Teología del Nuevo Testamento, 610.

[6] Wolff, Antropología del Antiguo Testamento, 53-62.

[7] Wolff, Antropología del Antiguo Testamento, 45-52; cf. Ladd, Teología del Nuevo Testamento, 609-610.

[8] Franz Delitzsch, A System of Biblical Psychology, trad. Robert Ernest Wallis (Edimburgo: T. & T. Clark, 1867), 103-119; citado en Ladd, Teología del Nuevo Testamento, 608, n. 1.

[9] Watchman Nee, El hombre espiritual, 3 vols. en 1 (Anaheim: Living Stream Ministry, ed. revisada), 20.

[10] Cooper, Body, Soul, and Life Everlasting, 147-152; cf. Hoekema, Creados a imagen de Dios, 270-272.

[11] Ladd, Teología del Nuevo Testamento, 608.

[12] Ladd, Teología del Nuevo Testamento, 612.

[13] Ladd, Teología del Nuevo Testamento, 612-613.

[14] Ladd, Teología del Nuevo Testamento, 608 y 611.

[15] Ladd, Teología del Nuevo Testamento, 615-619.

[16] Ladd, Teología del Nuevo Testamento, 611-613.

[17] Ladd, Teología del Nuevo Testamento, 613-615.

[18] Ladd, Teología del Nuevo Testamento, 619-629, esp. 624-625.

[19] John W. Cooper, Body, Soul, and Life Everlasting: Biblical Anthropology and the Monism-Dualism Debate.

[20] Anthony A. Hoekema, Creados a imagen de Dios, 263-282, esp. 270-272.

[21] George Eldon Ladd, Teología del Nuevo Testamento, 608-633.

[22] John W. Cooper, Body, Soul, and Life Everlasting (Grand Rapids: Eerdmans, 2000), 7-31, 134-157. Anthony A. Hoekema, Creados a imagen de Dios (Grand Rapids: Libros Desafío, 1999), 265-269.

[23] Millard J. Erickson, Teología Sistemática, 2.ª ed., trad. Beatriz Fernández (Terrassa: CLIE, 2008), 551, 1185-1186.

Bibliografía

Cooper, John W. Body, Soul, and Life Everlasting: Biblical Anthropology and the Monism-Dualism Debate. 2.ª ed. Grand Rapids: Eerdmans, 2000.

Delitzsch, Franz. A System of Biblical Psychology. Traducido por Robert Ernest Wallis. Edimburgo: T. & T. Clark, 1867.

Erickson, Millard J. Teología Sistemática. 2.ª ed. Traducido por Beatriz Fernández. Terrassa: CLIE, 2008.

Hoekema, Anthony A. Creados a imagen de Dios. Grand Rapids: Libros Desafío, 1999.

Ladd, George Eldon. Teología del Nuevo Testamento. Traducido por José María Blanch. Terrassa: CLIE, 2002.

Nee, Watchman. El hombre espiritual. 3 vols. en 1. Edición revisada. Anaheim: Living Stream Ministry.

Wolff, Hans Walter. Antropología del Antiguo Testamento. Traducido por Severiano Talayero Tovar. Salamanca: Ediciones Sígueme, 1975.

Wright, N. T. El verdadero pensamiento de Pablo: Ensayo sobre la teología paulina. Traducido por Dorcas González Bataller. Colección Teológica Contemporánea 1. Terrassa: Editorial CLIE, 2002.

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