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Trazando el Vínculo entre lo Emocional y lo Físico: Descubriendo el Poder de la Paz

Actualizado: 26 jul 2023



Los problemas emocionales, como el estrés, la ansiedad, la depresión y los traumas pasados, pueden generar una serie de reacciones fisiológicas en el cuerpo. Por ejemplo, el estrés desencadena una respuesta de lucha o huida en el sistema nervioso autónomo, lo que puede resultar en un aumento de los niveles de cortisol. Esta respuesta hormonal puede afectar a múltiples sistemas corporales, desde el sistema cardiovascular hasta el sistema inmunológico.

Cuando una persona experimenta un trauma emocional o una angustia intensa, el dolor y la aflicción pueden manifestarse en el cuerpo de diversas formas. En algunos casos extremos, esto puede dar lugar a síntomas físicos evidentes, como la parálisis o la ceguera, conocidos como trastornos de conversión.

También puede manifestarse a través de síntomas menos llamativos, pero igualmente molestos, como dolores de cabeza, náuseas, dolor de espalda, palpitaciones, fatiga y muchos otros síntomas corporales. Estos síntomas pueden variar de una persona a otra y afectar diferentes sistemas del organismo, como el respiratorio, el nervioso, el digestivo o el muscular.

Lo más potente de esta circunstancia es el hecho de que nada se produce porque tenía que suceder; existen una secuencia de disparadores que activan su respuesta a estas situaciones, que podrían ser interpretados como mecanismos de defensa ante una crisis de angustia, etc.




Las personas no caen en una angustia, sino que crean las condiciones para una angustia.

Las consideraciones humanas alrededor de sus vivencias y circunstancias son el producto de sus conversaciones internas más que las externas. Por lo general, para llevar un cuerpo a la angustia, tiene que haber adentro un potente megáfono alterando la percepción externa, introduciendo y construyendo una situación incómoda mucho más grande de lo que parece; se necesita mucha energía para crear una angustia lo suficientemente grande para desequilibrar el balance químico del cuerpo.

Al convertir los problemas emocionales en síntomas físicos, la persona puede sentir que tiene una "explicación" tangible y concreta para su malestar, lo que puede aliviar temporalmente la carga emocional. Sin embargo, no la elimina; persiste porque insiste en sus películas mentales amplificadas. No abordar adecuadamente los problemas emocionales subyacentes puede dar lugar a enfermedades psicosomáticas más graves.

Los síntomas físicos no son "falsos" o inventados; por el contrario, se van acelerando en la medida en que no se resuelve el problema. Se van agudizando e incluso pueden llegar a situaciones más graves de lo que uno puede pensar.

Si bien es cierto que se debe consultar a un profesional para obtener el debido diagnóstico y recuperación, el punto de vista teológico nos proporciona las herramientas para trabajar en la raíz del problema y subsanar cualquier situación emocional que podamos estar viviendo en este momento.

No somos víctimas de las circunstancias; tenemos el poder interior para revertir cualquier situación que hayamos creado en nuestro interior. Estas enfermedades que llamamos psicosomáticas tienen el potencial de quitarnos la paz, pero como mencioné anteriormente, la mayoría de nuestros estados emocionales adversos son originados por la misma persona.


Jesucristo dijo lo siguiente:


"No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal"

(Mateo 6:31-34, Reina-Valera 1960).

No te afanes, ni te preocupes en exceso por las necesidades materiales básicas de la vida, como la comida, la bebida o la vestimenta. En cambio, busca primero el reino de Dios y su justicia, confiando en que todas estas cosas serán añadidas.

La preocupación excesiva y el afán por las necesidades materiales pueden generar un desequilibrio emocional y afectar negativamente nuestra salud mental y física. Estar constantemente preocupados por el futuro y por obtener lo que necesitamos para vivir puede generar estrés, ansiedad y otros trastornos emocionales.

Dios conoce nuestras necesidades y nos anima a confiar en Él. Nos invita a poner el enfoque en el desarrollo de conexiones profundas con alguien mucho más poderoso que lo material. Esto nos ayuda a encontrar un equilibrio emocional y a no dejar que las preocupaciones cotidianas dominen nuestras vidas.

Cuando nos enfocamos en lo espiritual, encontramos un propósito más elevado, y nuestras preocupaciones se vuelven menos intensas. Esto no significa que debamos descuidar nuestras responsabilidades o dejar de satisfacer nuestras necesidades básicas, sino que se nos invita a no permitir que estas preocupaciones nos dominen y consuman nuestra energía y bienestar emocional.

El mensaje es claro: detén tus conversaciones internas amplificadas negativas, aquellas que comienzas "diciendo" no os afanéis por nada. Muchos de los que me escuchan siguen diciéndose a sí mismos, amplificando su situación, construyendo películas mentales como las producidas por Steven Spielberg. Presenta tus preocupaciones, cambia tu película mental por narrativas desafiantes de interés, de tus metas, de tus propósitos; crea una imagen de adónde quieres llegar y enfócate en lo eterno.

Enfócate en tu salud emocional, enfócate en las cosas eternas. En la medida que te eduques en esta nueva normalidad, puedes encontrar mayor paz mental y emocional, y vivir de manera más plena y consciente en el presente.



Adelante líder 4x4.


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