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El que no se detiene, llega


Ha sido una semana intensa, llena de bendiciones. Hemos visto la mano de Dios operando en nuestras situaciones, en nuestras circunstancias, y estamos profundamente agradecidos por todo lo que el Señor ha hecho en estos días.


Quiero apuntar algo en este post que me parece necesario decirlo con claridad: el movimiento lo es todo.


A.W. Tozer dijo lo siguiente: “Dios nunca usa a un hombre mientras está quieto.” Y Jesús mismo nos dejó una instrucción que no tiene vuelta atrás: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá” (Mateo 7:7). Buscar. Hallar. Encontrar. Tres verbos que implican acción, movimiento, determinación.


La historia: Que Vida estaba viendo?


Todo comenzó esta semana cuando estaba mirando el Clásico Mundial de Béisbol. En la novena entrada de la final, con Venezuela enfrentando a Estados Unidos aquí mismo, en Miami, entró al montículo un muchacho de 26 años nacido en San Carlos, Venezuela: Daniel Palencia, cerrador de los Chicago Cubs.


Con solo 11 lanzamientos, Palencia cerró el partido.  Lo que pocos saben es que a ese muchacho le dijeron, más de una vez, que no era suficientemente bueno para llegar a las Grandes Ligas.  Firmó su primer contrato profesional a los 20 años, que es una edad tardía para la mayoría de los prospectos.  Pasó años en las ligas menores, fue traspasado de equipo en equipo, y llegó a dudar. Pero nunca se detuvo.


Hoy, ese nombre que casi nadie conocía está grabado en la historia del béisbol venezolano. Las historias siempre cobran sentido cuando el éxito toca la puerta. Muy pocas personas recuerdan a los que se quedan en el lugar del fracaso. Pero cuando estás en movimiento, buscando persistentemente, las anécdotas de ayer se convierten en el fundamento de la gloria de mañana.


Mi propia historia de movimiento


Eso me hizo pensar en mi propia narrativa.


Vengo de Pinto Salinas, uno de los barrios más peligrosos de Caracas. Después, por el trabajo de papá, nos fuimos a Valencia, al barrio Central, que tampoco era precisamente un lugar de oportunidades fáciles. Pude haberme convertido en cualquier otra cosa. Y sin embargo, desde pequeño, siempre me encontraba buscando. No lo llamaba así en ese momento, pero era exactamente eso: movimiento. La necesidad interna de hallar algo más.


Tuve un negocio que funcionó bien durante 30 años. Luego llegué aquí a Miami, a la 25 Norte, y todo ese éxito anterior se redujo a cero. A una zanja de construcción, literalmente. Pero en ese lugar, en ese momento que pudo haberme destruido, me mantuve en movimiento. Empecé a grabar podcasts. Escribí libros. Monté un negocio de flores. Luego uno de globos. Después compré un tráiler de comida para vender hamburguesas. Ese último es el que está creciendo ahora, a su propio ritmo. Mis números no son extraordinarios, ni pretendo comparar mi historia con la de nadie más. Pero estoy creciendo. Aprendiendo. Pensando. Buscando la manera de escalar.


Cuando estaba en uno de los momentos más oscuros y desgastantes de mi vida, me puse a escribir el libro Enciende tu fe, sé una

fuerza. Ese proceso me ayudó a recuperar la confianza, la esperanza y la fe en Dios para seguir adelante. En ese libro hablo de las capacidades que pueden llevar a una persona a mantenerse en movimiento mientras espera su momento, así como le pasó a Daniel Palencia esperando su turno en el béisbol.


Lo que quiero dejarte hoy


El mismo movimiento que llevó a ese muchacho de San Carlos desde las ligas menores hasta cerrar una final del Clásico Mundial, es el que te puede llevar a ti al siguiente nivel.


No se trata de tener los números perfectos. Se trata de no detenerte. De seguir educándote. De tener una filosofía de vida que se adapte a las circunstancias y que te empuje siempre un poco más allá. Las puertas se cierran. La negatividad existe. Pero el que sigue buscando, el que sigue llamando, el que no se sienta a esperar, ese es el que finalmente halla.


“Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.”


Hoy quiero que tomes la decisión de estar en ese movimiento constante. No el movimiento del desesperado, sino el movimiento del que tiene fe y propósito. El que trabaja mientras espera. El que no confunde quietud con paz.


Tu momento llegará. Pero tiene que encontrarte en movimiento.


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