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Cuando llega el agotamiento: tres cosas que hago cuando no puedo parar

Actualizado: hace 17 horas


Entre hamburguesa y hamburguesa, y cliente y cliente, anoche se acercó un comensal a la ventanilla. Lo conozco. Trabaja en Sunrise, en una empresa importante, y pasa por el tráiler una o dos veces por semana a comer arepas y empanadas.


Esa noche llegó distinto.


Me habló del cansancio. Del peso de seguir adelante en este país y la idea, cada vez más insistente, de regresar al de origen. Tiene propiedades allá. Tiene un día imaginado que se le repite en la cabeza de volver. Mientras hablaba, él mismo iba enumerando lo que ese regreso implicaba: la burocracia, las limitaciones del entorno, la inseguridad, las cosas que ya sabe y que no se quitan por desear que se quiten: la luz que se va, el agua que no llega cuando la necesita. Lo escuché. Le dije que considerara bien sus opciones, que un movimiento así puede dar por terminado un proceso personal que todavía está abriendo camino aquí.


Lo que me dejó pensando no fue su decisión de regresar. Fue el agotamiento.


El agotamiento que aparece cuando las dinámicas del país son distintas a las del país de origen, del ambiente de trabajo, cuando la responsabilidad supera tus capacidades, se acumulan sin pausa y uno no sabe cómo cargarlas. Esa noche del domingo dormí poco fue épica para mí. El lunes amanecí con sueño y con demasiadas cosas pendientes. Dormí 4 horas, de pie nuevamente para la batalla. No podía detenerme. Tenía que cumplir. Terminé la jornada con éxito, pero con un cansancio extremo, sí, y me acosté a las doce de la noche para pararme nuevamente a las temprano.


¿Cómo estás cargando tú ese nivel de responsabilidad?


El cansancio real, el agotamiento, es normal. Todos llegamos en algún punto a esa sensación de que las cosas se nos van de las manos. Y sin embargo, como hombres, como proveedores, como arquitectos de la dinámica familiar, hay momentos donde no podemos parar. La maquinaria está operando. Sirve a la casa, a la esposa, a los hijos. No se apaga porque uno esté cansado.


Te quiero compartir tres cosas que hago cuando llego a ese nivel máximo de entrega.



1. No dejes que la narrativa interna del agotamiento te detenga

Esa conversación que se enciende en la cabeza —ya no puedo, esto es demasiado, no doy más— limita la capacidad de sacar lo que todavía tienes dentro. El predicador lo dijo: hay tiempo para todo debajo del sol. Hay momentos donde la faena pide más, y hay que dárselo. El tiempo del descanso también va a llegar, pero no llega antes de tiempo.



2. En el agotamiento no está Dios

Las fuerzas son limitadas. Cuando consigas un espacio para descansar, descansa. Sin ruido de gente, sin ruido del teléfono, sin ruido de deudas ni de situaciones pendientes. Tómate un batido, come algo, dedícate tiempo a solas; tú y Dios. Aún cuando estés en la dinámica donde no puedes parar, busca esos espacios. Pequeños. Reales, donde pases tiempo con Dios.



3. Busca una actividad extracurricular que te llene

Un arte, un deporte, algo que saque lo mejor de ti, que conecte con el talento que tienes dentro. Cambiar de actividad descansa de una manera que dormir no descansa. Yo lo experimento ahora mismo, mientras escribo esto. Estoy haciendo arte. Estoy haciendo algo que me gusta, que me relaja, que me conecta contigo del otro lado de la pantalla.


¿Qué actividad tienes tú que te devuelva a ti mismo?


Déjame leerte en los comentarios.

 
 
 

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