Este esfuerzo parte de una agenda pastoral de acompañamiento. Hemos visto cómo muchas parejas, aunque comenzaron su travesía con esperanza, terminaron naufragando en el mar de la convivencia por falta de fundamentos teológicos claros, prácticas espirituales sostenibles y una brújula que les permita leer el conflicto como parte del camino, y no como su fin.